Autor:Víctor López Cotelo y Juan Manuel Vargas Funes
País: España
Ubicación: Antigua fábrica de curtidos de la Ribera de San Lourenzo en Puente Sarela. Santiago de Compostela.
Arquitectos colaboradores: Anal Isabel Torres Solana, Isabel Mira Pueo, Jesús Placencia Porrero, Juan Uribarri Sánchez-Marco, Flora López-Cotelo, Álvaro Guerrero Aragoneses y Francisco García Toribio.
Aparejador: José Antonio Valdés Moreno.
Cálculo estructuras: José María Fernández Álvarez e Ingeniero de Caminos. Proina.
Instalaciones: JG Ingenieros.
Delineación: José Pascual Izquierdo.
Maquetas: Jesús Placencia Porrero, Juan Uribarri Sánchez-Marco, Álvaro Guerrero Aragoneses, Inga Kläschen, Tilmann Noller y Eduardo Vivanco Antolín.
Promotor y constructor: Construccions Otero Pombo.
Fotografía: Luís Casals.
Memoria:
Esta vivienda unifamiliar forma parte del conjunto hotelero que se desarrolla en la antigua curtiduría situada en el río Sarela, junto al Puente Sarela, formando parte de la operación de recuperación de dicho cauce.
El cauce del río Sarela, a su paso por Santiago de Compostela, fue lugar idóneo para la implantación de instalaciones industriales que crearon un riquísimo conjunto en el que surgieron estructuras de tipo rural, urbano e industrial, apoyadas en su variada topografía, trazando calzadas, caminos, canales, puentes y sendas junto al río que enlaza molinos y fábricas, constituyendo un ámbito de altísimo valor paisajístico, ambiental, arquitectónico, cultural e histórico.
En el cruce de la antigua calzada romana que conduce a Finisterre con el río, junto al “Ponte Sarela de Abaixo”, se encontraba oculta por la vegetación la estructura muraria de la antigua Fábrica de Curtidos de “La Ribera de San Lourenzo”, cuya construcción en 1790 fue factor determinante para la configuración altamente sugerente del lugar.
Este hecho planteaba el reto de buscar el enfoque adecuado para poner en valor los restos abandonados del antiguo conjunto industrial, dotándolo de los usos adecuados para contribuir a la recuperación del cauce del río, propiciando con ello su regeneración.
En este sentido, teniendo en cuenta las características de la antigua fábrica se propuso aprovechar el valor testimonial de las ruinas como muestra de la estructura propia de este tipo de industria y, como complemento de este uso cultural, rehabilitar los cuerpos anejos existentes y añadir otros para completar una instalación hotelera que diera apoyo y respaldo a la instalación “museística”.
Las construcciones que componían la antigua fábrica se agrupan en dos conjuntos próximos: la propia fábrica con su retícula de pilones de piedra que crece junto al río, el molino y la casa del molinero, y otro, separado por el antiguo camino de Finisterre, que se extiende en la plataforma superior más soleada.
El resto de terreno del recinto industrial asciende por la ladera orientada a mediodía junto a la arboleda de castaños que crece sobre el banqueo de la parcela contigua.
La fábrica, por su estructura y posición sombría junto al río, sólo admite una actuación reducida que se limita fundamentalmente a dotarla de cubierta y reponer el forjado del nivel superior, recordando su condición de ruina industrial, haciendo posible simplemente la visita y aquellos usos que se adapten naturalmente.
En el secadero, que consta de una secuencia de amplias dependencias, lo fundamental es conservar su tranquila presencia y los restos del molino de corteza que se encuentran en su interior. En esta parte se introducen unos apartamentos que aprovechan la sencilla peculiaridad de la ruina, haciendo posible la simbiosis de la vieja estructura con el nuevo uso.
Los restos del desaparecido cuerpo de edificación del extremo de la plataforma que no alcanzan a configurar espacio cerrado quedan como reliquia simbólica con gran fuerza testimonial. Su integración en el conjunto debe reforzar sus valores al ser un elemento reconocible del carácter del lugar. Tras él se extiende una nueva plataforma verde que oculta la edificación incrustada en la topografía para alojar la zona social de la instalación y dar remate al muro que contiene la terraza del secadero.
La nueva edificación, que complementa la instalación hotelera se compone de un cuerpo de pequeños apartamentos pertenecientes al hotel y una vivienda unifamiliar, que dan continuidad a los bancales y muros de contención de piedra de la finca contigua. Ésta se produce prolongando dichas terrazas dentro de la parcela en forma de cuerpos pétreos, que se integran de este modo en el entorno y refuerzan sus estructuras principales. Su arquitectura se compone de una construcción ligera de cinc y vidrio, de carácter entre industrial y rural, que apoya sobre los cuerpos de piedra cubiertos de vegetación. Estos materiales, aplicados a la construcción añadida, revelan en qué manera se traban presente y pasado. Por último, en el extremo superior de la parcela se dispone el garaje de la vivienda, que da solución de manera propia al vértice agudo del cerramiento de la finca.
La vivienda unifamiliar se desarrolla en dos niveles que acogen por un lado en la planta inferior la vida familiar diaria de cocina y comedor, con salida a terraza exterior a nivel de suelo y zona de dormitorios y por otro lado la zona de estar y biblioteca, en un espacio diáfano, con su propia terraza en la planta superior. Ambos niveles se encuentran a media altura respecto de la entrada a la vivienda. La planta superior tiene un acceso directo a la terraza, sin pasar por el interior de la vivienda, por medio de un sendero que parte del garaje que se encuentra en cota superior. Si el cuerpo inferior, pétreo, es más bien recogido, por el contrario el volumen superior se abre al paisaje con grandes ventanales que compensan la muy frecuente escasa luz solar. Debido a la profundidad de la planta inferior, en la fachada norte se abre un gran lucernario y celosía con vistas a una plantación floral, que permiten equilibrar la sensación luminosa en el interior de la vivienda. Esta construcción se integra en la topografía y en la estructura muraria de la finca resolviendo la transición entre arquitectura y entorno, dando con su materialidad las claves que, en distinta medida, van tomando cuerpo en otras edificaciones del conjunto. La secuencia se inicia en el cuerpo del garaje, en el vértice superior de la finca, con una construcción resuelta con cubierta vegetal plana y cerramientos de madera que esconde su presencia de manera discreta, se pone de manifiesto en las dos sucesivas edificaciones de nueva planta que se ordenan descendiendo por la ladera (vivienda unifamiliar y apartamentos) y se va diluyendo en las ruinas rehabilitadas de la fábrica de curtidos donde la aportación material se va reduciendo progresivamente.
En realidad se trata de encontrar la expresión arquitectónica que resuelva, en un marco fuertemente estructurado, el tránsito retrospectivo a una realidad desaparecida que nos dejó muestras contundentes y sobrecogedoras de su existencia caracterizando el lugar tanto en su dimensión temporal como espacial. Ese tránsito se materializa arquitectónicamente en la intensidad y ritmo de la integración de lo nuevo y lo ya existente. No se trata de “traer” el pasado a nuestros días, sino de “saber” vivir con él.
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