Autor: Ángela García de Paredes. Ignacio Pedrosa
País: España
Ubicación: Pedrosa de la Vega. Palencia
Colaboradores: Clemens Eichner, Álvaro Rábano, Eva Urquijo, Andrea Franconetti, Eva M. Neila
Dirección de ejecución: Luis Calvo
Estructura: Alfonso G.Gaite. GOGAITE, S.L.
Instalaciones: Nieves Plaza
Propietario: Diputación de Palencia
Constructora: UTE La Olmeda
Superficie construida: 7.130 m2
Memoria:
La protección del yacimiento arqueológico de La Olmeda es una intervención donde necesariamente la antigüedad se confronta con la modernidad y la arquitectura con el paisaje. Desde estos conceptos, el proyecto pretende transmitir al visitante que estos fragmentos del pasado tuvieron un carácter unitario.
Así, bajo una cubierta continua organizada en naves y un cerramiento perimetral de chapa de acero perforado y policarbonato para proteger el recinto y matizar la entrada de luz natural, se integran los distintos elementos del programa. La villa y las termas con sus mosaicos, el centro museístico y un centro de estudio para arqueólogos se localizan en su interior sin interferir con la gran cubierta metálica.
El recinto arqueológico se organiza en cuatro naves, a la vez cubierta y estructura, que cubren el área de la villa. Se apoyan sobre pilares metálicos que delimitan el patio. El problema estructural se aborda desde un espacio organizado celularmente en el que la cubierta es protagonista. El interior se plantea como un gran recinto continuo, dentro del cual se integran, sin romper esta continuidad, los distintos elementos que constituyen el programa como piezas autónomas bajo la cubierta única. Este sistema permite construir un recinto con la dimensión precisa, independiente de la planta de la villa romana. El entramado estructural es de base romboidal de tubos de acero; exteriormente se reviste de chapa de aluminio e interiormente queda visto como un artesonado.
Resolver la cubrición del yacimiento arqueológico ha sido en buena medida resolver la pieza de unión de los rombos tubulares de acero que construyen las bóvedas rebajadas de la cubierta. La extensa ocupación del yacimiento y la conveniencia de no “pisar” su huella durante la ejecución de las obras, así como su ubicación en un medio rural, decidió un sistema constructivo modular prefabricado en taller. Así las dimensiones de estos rombos permite su transporte y facilitan el ensamblaje “in situ” de arcos completos, de 25 metros de luz, que se izaron hasta su situación definitiva para fijarlos mediante tornillos a sus consecutivos.
Desde la cubierta se descuelgan las mallas de acero que restituyen idealmente los espacios originales de las salas, lo que favorece la contemplación de los mosaicos en ámbitos diferenciados y explica su organización. Una pasarela de madera siempre horizontal, se dilata y comprime según los puntos de contemplación de los mosaicos, conecta estos espacios y articula la visita. El recorrido interior rodea el patio central de la villa y desde una cota sobre-elevada respecto a los mosaicos, lleva al visitante hasta las termas y le conduce a las distintas piezas que componen el programa funcional del espacio museístico.
Las estancias pavimentadas de teselas, recuperada su tercera dimensión mediante los velos metálicos, se iluminan puntualmente enmarcando los mosaicos. Se quiere así presentar al visitante un organismo complejo en el que se descubran las zonas excavadas y las diversas estancias que forman la villa, evitando dominar de un solo golpe de vista toda la excavación.
La envolvente metálica perforada perimetral varía su densidad según la altura, abriéndose hacia la cornisa y hacia el cielo, para integrarse con el paisaje arbolado. En el interior provoca puntos de luz y sombra como si estuviéramos dentro de una gran chopera. Su condición exenta de la estructura y del cerramiento dan al gran volumen un carácter ligero, despegado del suelo que integra en el paisaje.
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