Desde Chile tras el terremoto…

Santiago (Chile), 17 de marzo de 2010.

Estimadas amigas y estimados amigos,

Epicentro. Fuente: wikipedia

Epicentro. Fuente: wikipedia

Muchos de ustedes me han escrito con motivo del terremoto y posterior tsunami que afectó nuestro país, y deseando que yo y mi familia nos encontremos bien. A la mayoría he respondido escuetamente, pues el tiempo ha sido escaso. Hoy después de estar más de seis días en las zonas afectadas, les escribo para darle mi impresión de lo sucedido. No ha sido fácil tomar la decisión, pues el impacto al estar en aquellas zonas me ha quebrado en más de una oportunidad.

Quizás lo primero que debiera decir es que los daños son en diferentes frentes. En esta arbitrariedad mía diría, el terremoto generó dos tipos de daños:

1) a las viviendas y edificaciones de adobe (barro cocido), fundamentalmente aquellas que utilizan el adobe parado y no botado y con muros más bien delgados; pues aún quedaron  muchas edificaciones de adobe de más de cien años completamente paradas; y,

2) a las viviendas y edificaciones construidas por inmorales promotores inmobiliarios y/o empresas constructoras. Estos dos tipos de daños tiene a miles de familias con problemas de vivienda, afectando tanto a grupos socioeconómicos bajos y medios fundamentalmente.

Existen poblaciones de viviendas básicas de cuatro años de antigüedad que deben ser demolidas completamente (en Cauquenes la población Camino Real, con 200 viviendas mal construidas; se suponía que se trataba de una albañilería armada, pero no existe ninguna escalerilla cada cuatro o cinco hiladas ni ningún tensor vertical cada 60 cm). El ejemplo que les comento tuvo un organismo público que contrató las viviendas y su inspector fiscal, una empresa constructora con sus profesionales, un organismo municipal responsable de recibir y certificar que las viviendas estaban bien construidas.

Adicionalmente al problema constructivo de las viviendas, qué otros motivos generaron esto? Otro de los problemas de la situación es donde se construyó. Pues como se dice que el suelo tiene un alto precio, construyeron la población en la periferia, en zonas de suelos no apto para construir, donde era necesario hacer rellenos de más de un metro de altura; suelos que no fueron adecuadamente compactados, tampoco se hicieron obras tales como muros de contención. Las familias afectadas habían recibido la vivienda de manos del Gobierno, antes vivían en campamentos, hoy deben volver a lo mismo. Los esfuerzos que habían desarrollado en el mejoramiento de su vivienda básica durante los últimos cuatro años ha sido en vano. El daño material puede ser recuperado en menor o mayor tiempo, sin embargo, el daño moral en las personas no sé si sea factible de  recuperar en el corto plazo. Hay anhelos y sueños que se han visto truncados.
En las zonas rurales, no es mejor la situación y quizás en muchos casos es más dramática. Pues se trata de campesinos que habitaban una vivienda de adobe entregada en comodato o mediería por el propietario del suelo; son mayoritariamente inquilinos, que por la dispersión que tienen en el territorio no reciben ayuda oficial, pues no tienen como presionar, son áreas que se encuentran aisladas. Muchos de estos tenían en algún tipo de cultivo su fuente de trabajo, muchos en la uva y ya estamos en tiempo de comenzar la vendimia, pero no pueden ocuparse de ello ya que tienen que ver como pasarán el invierno (las empresas viníferas han bajado el precio de compra de la uva).

Los cascos históricos de varias ciudades tuvieron muchos daños producto del sismo en las edificaciones de adobe. Hoy tienen muchos más daños que los ocasionados por el sismo, pues se está demoliendo, botando, incluso aquello que es posible de reparar y recuperar. Al recorrer estas zonas se ven cientos de muros con grandes cruces que indican demolición. Hay alcaldes que piensan que es una oportunidad para cambiar la imagen de su ciudad y promotores inmobiliarios que incitan a ello. Corredores de propiedades, aprovechando la situación, ofrecen a los propietarios la compra de sus propiedades a precios irrisorios. Duele ver la bajeza humana que ha aparecido o quizás siempre ha estado presente en forma escondida, solapada.

Los medios de comunicación no hablan de los daños en las edificaciones nuevas. En Santiago hay cientos de edificios con daños estructurales que no se informan por la prensa. Pero no es de extrañar pues la prensa está en las mis manos de quienes hoy ostentan el poder político y económico. El nuevo intendente de la Región Metropolitana de Santiago fue presidente de la Cámara Chilena de la Construcción; sin comentarios.

Un segundo frente de daños está dado por el tsunami que azotó diferentes lugares de la costa. No hay muchas muertes producto de que no haya existido alerta de tsunami, pues en la mayoría de los balnearios y ciudades de la costa, sus habitantes tienen internalizado que con sismos de mediana intensidad deben evacuar hacia zonas altas.

En la mayoría de las ciudades y balnearios las personas evacuaron sus viviendas sin esperar que se dictase la alerta por parte de la oficina de emergencia o de la Armada. Las muertes que existieron están en otros diversos motivos. Espero que se investigue el por qué de ellas, en especial, en aquellas zonas en las cuales no hubo posibilidad de contar con transporte para el traslado desde una isla a la costanera de la ciudad (Constitución). Al llegar a estos lugares se produce un estremeciendo interno muy grande. No he estado nunca en una lugar devastado por la guerra y las bombas de aviones, sin embargo, pareciera que estas localidades han sufrido un ataque.

En estas semanas el mar se ha encargado de ir devolviendo a la playa todo cuanto se llevo. Las playas están colmadas de objetos, son como una gran alfombra que ofrece los productos en un mercado persa… ahí están los refrigeradores, lavadoras, televisores, artefactos de baño, sillones, sillas, mesas, ropa, zapatos, carteras, materiales deconstrucción: piezas de madera, cubiertas de zinc, puertas, ventanas; también hay partes de casas y automóviles. Quizás no sería tan impactante ver esto en las playas, pero junto a ellos hay cientos de personas que revisan lo que el mar ha devuelto, son aquellos que lo perdieron todo y ven si pueden encontrar algo que les pertenecía.

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autor: Atilio Leandro via Wikipedia

Para entrar a Dichato, quizás la zona costera más azotada por el maremoto, hay dos accesos. En ambos, existen patrullas militares que solo dejan entrar a quienes eran residentes del balneario y se debe dejar la cédula de identidad, la que se puede recuperar sólo a la salida de ahí. No hay calles, los ductos de alcantarillado no existen, tampoco las matrices de agua, ni la postación eléctrica. Los propietarios han plantado una bandera en el lugar que piensan estaba su propiedad. En estos lugares, ha diferencia de lo que comunica la televisión, la mayoría de las personas no quieren que los trasladen ni que les pasen una mediagua (en Dichato sólo murieron seis personas por efecto tsunami); desean que el gobierno les indique que pueden comenzar a reconstruir sus viviendas en sus propios sitios y que les indiquen los recursos a los cuales pueden acceder, no como regalo, esperan créditos con tasas de interés fija y blanda para reconstruir. Aquí cientos de pequeños empresarios que perdieron todo y desean recomenzar, pero saben que los subsidios no sirven, necesitan respuestas para saber como enfrentar de nuevo su vida que ha de recomenzar. También hay personas modestas, pescadores, que toda su vida se han dedicado a ello; han perdido embarcaciones, motores, aperos y requieren ayuda para nuevamente partir o como dicen: para poder alimentar a sus propias familias.

He viajado a estas zonas en dos oportunidades. La primera, como miembro del directorio de Caritas Linares y estuve en la séptima región, visité y estuve trabajando en evaluación de daños en:Constitución, Nirivilo, San Javier, Melozal, Cauquenes, Linares. La segunda, como miembro del Instituto de la Vivienda, en función de un convenio con la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo para realizar un diagnóstico de cuatro comunas costeras de la octavaregión: Cobquecura, Treguaco, Coelemu y Tomé, para luego proponer un plan reconstrucción. He conversado con las personas comunes y corrientes, como también con los alcaldes y autoridades. En mi segundo viaje, tuve que vivir lo que significa una alerta de tsunami, pues el jueves pasado estaba en Cobquecura cuando se produjo la replica de 7,2 y dictaminó alerta de tsunami desde la cuarta a la décima región. No me asusté, pero me afecté demasiado, pues vi como cientos de personas subían a diversos vehículos para salir de la parte plana y dirigirse, por el único camino que existe a la zona alta. Me afecté al ver los rostros de las mujeres intentando mostrar que nada sucedía a sus pequeños hijos; de niños que lloraban, pues presentían que algo estaba sucediendo de lo cual no lograban enterarse; de hombres mirando al horizonte intentando descifrar el lenguaje del mar.Muchos de ustedes saben cuanto me apasiona la fotografía, sin embargo no podía realizar las tomas, pues me parecía estar violando la intimidad de esas personas que seguramente pensaban en que una vez más tendrían que volver a comenzar.

Las personas con las cuales conversé están esperanzadas en la reconstrucción de sus localidades, saben que deben aprender a convivir con la naturaleza. Están esperanzadas en lo que desde la universidad podemos decir, pues no quieren ser relocalizados en otros lugares. Pero como todo no tiene porque ser de la forma esperada, ayer nos hemos enterado que el nuevo gobierno ha tomado la decisión de dejar sin efecto los convenios con las universidades, pues consideran que el gobierno anterior no debió realizar estos actos administrativos a pocas horas de dejar el poder. Me parece tan absurdo, pero es nuestra realidad.

Si el gobierno anterior -con toda la experiencia que poseían- se vio sobrepasado con la catástrofe, el nuevo gobierno tampoco posee la capacidad para ello y quedó demostrado en el apagón que sufrió el país el domingo recién pasado. La reconstrucción de gran parte del país no necesita gerentes, necesita que se escuche a la gente y, por sobre todo, pensar adecuadamente el futuro. No sólo de un techo para Chile viven los miles que perdieron todo.

Les ruego disculpar las omisiones que existan, los textos inatendibles y el presentarles una realidad que quizás la televisión y los medios de comunicación no ofrecen. También les ruego disculpar mi desahogo.

Muchas gracias a todos por la preocupación y deferencia.
Un gran abrazo con el cariño de siempre.

Mario

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